Percy Cayetano Acuña Vigil

Página organizada por Percy Cayetano Acuña Vigil, está dedicada a temas de información y de discusión del urbanismo, el planeamiento y la arquitectura, enmarcados por mi visión de la filosofía política.

Sugerencias

Comentarios recientes

Se encuentra usted aquí

Entrevista a Augusto Ortiz de Zevallos

"Lima está cortada en pedacitos que no son gestionables"

El urbanista sostiene que para domesticar al monstruo que es esta ciudad se necesita tener imaginación y atreverse políticamente.

Por Patricia del Río Labarthe

¿En los últimos diez años, diría que Lima ha mejorado o ha empeorado?
Las dos cosas. Por un lado, Lima se ha recompuesto en su economía y tiene más inversión. Además, las periferias se han vuelto nuevos centros potenciales. Sin embargo, hay más exclusión, más distancias. Lima es un monstruo que ha crecido como una malagua, no tiene articulación.

¿Ha crecido de cualquier manera...?
Sí, de manera muy desorganizada, porque ha habido preferencia por planes inviables, que no se podían materializar, cuando mucho más inteligente es hacer planes que reorienten las tendencias dadas. Por ejemplo, en el tema de las expansiones urbanas, mejor sería canalizar una ciudad informal, en lugar de permitir que la invasión ocurra donde no te la esperas. Hoy Lima se invade todas las noches, y ese huaico, esa inundación del lugar convertido en ciudad, va mucho más rápido que su organización, que el transporte, que sus servicios y que su infraestructura.

¿Qué consecuencias trae este crecimiento desordenado?
No homogeneiza, sino que polariza. Se produce una dualidad, por un lado está la ciudad formal que se vuelve más formal --sin duda en Surco, San Isidro y Miraflores las cosas funcionan mejor y hay un control municipal-- pero por otro, hay una ciudad masiva, mayoritaria, que ocurre como quiere y donde quiere, y que se ha ido amontonando en los cerros.

¿Cómo se planifica un crecimiento como el que se da en Lima? ¿Se puede canalizar ese caos?
El suelo tendría que ser gestionado por la metrópoli. Hace rato que tenemos vivienda en el arenal, en los cerros, en todas partes, por lo tanto debemos convertir eso en ciudad, en sistema. Acá un invasor se apodera del mercado de Santa Anita y no pasa nada. En la práctica se ha generado una cultura en la que se invade con plano, ya no se trata de un fenómeno espontáneo.

¿No hay control?
No. La autoridad cada vez es menos autoridad, es un árbitro que no vigila la cancha, que solo mira el área chica o el centro del campo. En la práctica la ciudad se hace sola y se entiende a la alcaldía o a los municipios como meros otorgadores de servicios: se espera que barran, que pinten, que hagan una fuente, que hagan una placita, es decir, que se ocupen de obras aisladas, atomizadas y no que planteen un proyecto de ciudad.

Se les pide que se ocupen del ornato, que velen porque todo se vea bonito...
Exacto, y eso es triste porque la calidad de vida, el futuro, las oportunidades dependen de otra cosa. En una ciudad europea, por muy desigual que sea, todos tienen la misma movilidad, el mismo transporte, todos pueden llegar a su destino, todos son parte de lo mismo...

Se ha democratizado el espacio...
Exactamente, y eso genera que, de alguna manera, los proyectos personales y sociales se parezcan. Una ciudad, en cambio, en la que pagamos dos o tres horas cotidianas de tráfico inútil, de distancias desmedidas, de exclusión, termina por atomizarse, se vuelve varias ciudades en una, se divide en guetos. En México, como en Sao Paulo, hay un sistema de transporte que homogeneiza y produce una eficacia de los desplazamientos masivos. En cambio, Lima no tiene transporte, no tiene sistema. En Lima no existe lo público, solo lo privado, el transporte es un negocio, en el que hay cuatrocientos cuarenta y tantas líneas manejadas por grupos cuyo fin es vender...

Al no existir este espacio público, obviamente la capacidad de control es nula, porque este transporte se mueve según sus intereses y no los de la ciudad...
Claro, y eso es grave que no se corrija. Desde hace un tiempo sabemos de dónde a dónde necesita ir la gente, cuál es la demanda, cuáles son los desplazamientos. Conocemos los orígenes, el destino, las rutas y, sin embargo, tenemos estas cuatrocientos cuarenta líneas que hacen lo que les da la gana. Hace rato que es indispensable que esto responda a una lógica elemental, la ciudadanía lo reclama.

¿Por qué no se soluciona el problema? ¿Qué falta: dinero, voluntad política?
Sobre todo, voluntad política. Los transportistas han evolucionado, ya no se trata de un gremio irresponsable. Se han vuelto empresarios, tienen mentalidad de pequeña empresa y saben que su servicio debería ser prestigiado y calificado. No estamos en una jungla, pero se necesita orden, gestión.

¿Esto ha convertido a Lima en una ciudad que fomenta la exclusión?
Sin duda, recuerda que hasta hace poco ha habido rejas entre un distrito y otro. Hay un aliento de guetos y de ciudades cerradas, de ciudades que objetan, que se oponen, que tienen miedo al encuentro, a la integridad. Los balnearios del sur, por ejemplo, insisten en el modelo de la dualidad inconexa y eso es muy grave. Tenemos que aprender a vivir juntos, a que una plaza es de todos, a que las diferencias económicas, sociales, culturales, religiosas o de cualquier tipo se resuelven, se toleran, se procesan en el espacio colectivo.

¿Cuál debe ser la salida para lograr que sea una ciudad más inclusiva?
Concebirla como una ciudad pluricéntrica. Por ejemplo, hay que sumar San Martín de Porres, Independencia, Los Olivos, Carabayllo, Comas y Puente Piedra y delinear un proyecto concertado para que en ese espacio se genere una nueva centralidad con universidades, cultura, consumo y comercio. Para eso es necesario orquestar con los concejos la inversión de manera que se prioricen las obras que ayuden a esa idea.

Impulsar una especie de descentralización urbana.
Exacto. El 70% de los viajes en combi son absurdos porque se hacen para educar al niño, para ir a comprar arroz, es decir para lo que deberías hacer cerca de tu casa. En Lima hay grandes potenciales de desarrollo que necesitan gestión orquestada, y para eso el concejo metropolitano debe volverse la palanca gestora, el que apadrina, el que ayuda, el que viabiliza los proyectos.

Actualmente no cumple esa función.
No, actualmente tenemos 42 distritos aislados y un concejo metropolitano que no convoca, que no articula. Lima está cortada en pedacitos que no son gestionables. La Costa Verde es un ejemplo lamentable de desperdicio. Ahí hay seis u ocho municipios que tienen un patrimonio compartido y que, sin embargo, se está vendiendo como lotes. Actualmente se está construyendo un restaurante en el punto más estrecho, impunemente, sin que la metrópoli diga "perdón, esto es de todos". Obviamente se ha abandonado la idea de que la ciudad nos concierne...

Y hay una falta de concepción de que el espacio es un continuo para quienes lo habitan y no está cortado como un pastel.
Exactamente. Y la Costa Verde, en ese sentido, debería ser gestionada con la finalidad básica de que todos los limeños tengan ahí un espacio recreativo, natural, atractivo, estimulante. Falta una gestión de la ciudad como totalidad, actualmente se la gestiona como parcelas.

¿Cuál es la función de un alcalde en un contexto como este? ¿Qué le toca hacer?
Cito a Antanas Mockus: su misión es construirle a la ciudad una identidad, una pertenencia, que la gente se reconozca como parte de..., que la ciudadanía signifique algo. Yo creo que al alcalde le toca inducir a los ciudadanos a que quieran su ciudad para con eso afrontar el problema de territorio, ambiente, ecología, movilidad, seguridad...

¿Son funciones de un alcalde resolver los temas de salud, educación, empleo, como ofrecen los candidatos actuales? ¿Eso no le compete al Gobierno Central?
Hay una confusión de competencias, sin duda. En España y en Europa en general, la vivienda, por ejemplo, es gestionada por las municipalidades porque es localmente que se entienden las dinámicas, las potencialidades habitacionales. El Gobierno Central da modelos genéricos, propone sistemas de financiamiento, pautas gruesas, pero no es el materializador directo. En ese sentido es recomendable municipalizar si el fin es gestionar bien.

¿Al Concejo de Lima le faltan facultades?
Mira, Lima produce el 60% del producto bruto del Perú, si no me equivoco, y lo hace de manera muy ineficiente. Este caos es el espacio estratégico para ser competitivos en el mundo. La globalización se juega en la ciudad y nuestra ciudad es un desastre. Evidentemente Lima gravita más allá de lo municipal, porque su ineficacia y sus conflictos resultan siendo la causa de conflictos económicos...

Y nacionales...
Así es. Los puertos son lentos y costosos, la movilidad es inexistente. Santiago de Chile es muy competitivo porque en veinte minutos se llega a cualquier parte, porque el aeropuerto está conectado, porque se ha producido una movilidad inmensa, y porque producir y exportar es natural. Los tiempos de eficacia marcan la diferencia en una economía competitiva, y los de Lima son un desastre. Obviamente, los alcances de la autoridad tendrían que ser aquellos que permitan resolver el problema, y no hundirnos más en él.

¿Y qué papel juega el centro histórico de Lima en este concepto de ciudad pluricéntrica?
Las ciudades deben tener convocatoria, movida, para que la gente se divierta y la disfrute. El objetivo es que la ciudad se use. En Europa hay coliseos romanos utilizados para plazas de toros, para conciertos de rock. La ciudad histórica tiene que estar viva, si los templos se vuelven fantasmagóricos, colapsan. Peor en una ciudad de adobe, húmeda, frágil como la nuestra. En Lima tenemos un millón y medio de metros cuadrados vacíos, que es un espanto...

¿En el centro?
Sí, lo dice la propia municipalidad. Un millón y medio de metros cuadrados mide San Isidro. Eso quiere decir que nadie quiere vivir, ni trabajar en el centro, que nadie se siente prestigiado por estar ahí.

¿Cómo se recupera eso? ¿Cómo se le da vida?
Hay que sacarle la dosis de transporte y de usuarios involuntarios, y quedarse con el vecino que quiere estar, que quiere vivir ahí. Además, es necesario recuperar reciclando. Por ejemplo, el Teatro Municipal es un maravilloso espacio que tendría que ser el local del teatro alternativo, joven, del teatro vivo.

¿Y el vandalismo? ¿Qué hacemos con el temor a que destruyan edificios históricos?
El Parque de Lima era un lugar con pirañitas, limpiadores de carros y se convirtió en un sitio cuidado que la gente protege porque lo usa. Los ciudadanos defienden los espacios recuperados, los reivindican y los revitalizan. Hay que apostarle al uso, porque ese uso induce mecánicas de conservación.

¿Qué entendemos por Lima los limeños? ¿Entendemos todos lo mismo?
No. Lima tuvo su tendencia a ser idealizada. Ha tenido identidades muy variopintas: muy parisina, muy bonaerense, muy española...

¿Y ahora qué es?
Más de la mitad de los que viven en Lima no nacieron acá, ya los invasores tienen nietos, ya los jóvenes de origen andino se han vuelto absolutamente urbanos y pueden ser punks. En el fondo las formas de ser limeño son múltiples. Hay muchísimas maneras de que eso ocurra y se experimente y, por lo tanto, creo que las miradas son diversas. Pero yo veo esto en términos optimistas, prefiero esa ciudad múltiple a la ciudad dual de dueños y ciervos.

¿Si tuviera que definir cuál es el mayor problema de Lima, cuál elegiría?
El transporte, porque es movilidad, y la movilidad significa acceso, el acceso da oportunidades y las oportunidades traen desarrollo. Nuestro problema de transporte se ha vuelto factor de retraso: anula el futuro, nos quita oportunidades y afecta la calidad de nuestras relaciones. Ahí está la clave del reencuentro. El transporte regularía la ciudad, le devolvería a la gente un sentido de pertenencia.

¿En cuánto tiempo cree que podrían solucionarse algunos problemas básicos de Lima?
Hoy felizmente no tardaría tanto. Hemos pasado de una ciudad en la que había una pobreza absoluta, había Sendero Luminoso amenazando barrios enteros, había toque de queda... Los limeños las hemos pasado canutas, como dicen los españoles, y hoy hay ahorro, hay consumo, hay acceso a Internet, hay información y cultura viva. Lima produce cosas valiosas, por lo tanto, los cambios no demorarían mucho.

¿Qué hace falta, entonces?
Hay que tener imaginación y hay que atreverse políticamente a significar algo más rico, más interesante, más sustantivo. Las propias encuestas van revelando que la gente votará de una forma muy dispersa. El país no quiere esquematismos ni politizaciones, prefiere liderazgos eficaces. En Lima hay consumo, hay compra, hay ventas, hay movimiento comercial, no es una ciudad de pobres como lo fue antes; por lo tanto, la sustentabilidad está en entender que las latencias y las potencialidades son recursos y que pueden ser convertidas en proyectos. El monstruo no es tan monstruo, también es un animal que no entendemos...

Pero que podríamos domesticar.
Efectivamente, que podríamos domesticar(risas).

¿Ciudades agresivas desarrollan individuos agresivos?
Sin duda. Hay una psicología que estudia la territorialidad: cuando me acerco mucho a un perro, me muerde, porque he invadido su territorio. Todos defendemos nuestro espacio, y esa es una territorialidad positiva. Los limeños, sin embargo, hemos desarrollado, más bien, una territorialidad negativa, de invadir, de pasar sin pedir permiso.

La de agredir antes de que te agredan
Así es, porque estás a la defensiva. Según los estudios, la generación de identidad, de orgullo, de pertenencia es la herramienta para quitar la tendencia a lo delincuencial. En cambio, la tierra de nadie es aquella donde los graffitis agreden, donde se orina en la calle y donde los espacios se convierten en polos de violencia, porque la ciudad no está bien territorializada.

¿La gente orina en la calle porque no le importa, porque en Lima no abundan los baños públicos o porque les resulta caro pagar por el servicio?
La gente pagaría si le encontrara sentido. Las personas le devuelven la agresión a aquellos lugares por los que se han sentido agredidos. Los espacios valorados no son vandalizados, se vandaliza aquello que se experimenta como agresivo. Por ejemplo, creo que es sano que se haya plantado árboles en Lima --aunque la especie es equivocada porque los ficus tapan la luz--, pero es importante que estén ahí y la gente no los haya arrancado. Los han plantado en sitios duros, como la avenida Tacna, o en la Colmena. No era fácil adivinar que se iban a quedar; por lo tanto ahí hay un gesto interesante que se puede rescatar. No creo que estemos malditos.

Decía Julio Cotler que lo que ocurre en la avenida Abancay es reflejo de lo que ocurre en el Perú, se sorprendía de que hasta ahora no haya habido un alcalde capaz de ordenar el tráfico que tiene en sus narices...
La Abancay es una ruta que se toma porque no hay otra. En San Juan de Lurigancho viven un millón de personas que no deberían ir por la Abancay. Igual pasa con Alfonso Ugarte, el que va a Breña o a Magdalena o a la avenida Brasil tiene que pasar por ahí. Esa saturación es ficticia, y el centro está afectadísimo por eso, porque se ha convertido en un mero puerto de intercambios. Hay que pasar por Dos de Mayo para ir a la Punta, o por el Parque Universitario o la Colmena para ir a Santa Eulalia.

Como si se tratara de un gran hall de distribución de la casa -
Exactamente. Y eso ha generado en el centro un deterioro terrible, porque la gente está obligada a pasar por él aunque no quiera. Va porque no tiene alternativa, y obviamente su comportamiento es consecuente con esa realidad. Ese sentimiento de no pertenencia ha traído a los ambulantes, ha desatado la sobresaturación de espacios y el deterioro.

Se malogra el sitio por el que se pasa, por el que se tránsito...
Porque además es un espacio agresivo y sin atractivos. Lo grave es que eso va deteriorando la calidad de lo que ocurre en ese espacio: deteriora los modos de vida, las relaciones interpersonales. De esa forma, la ciudad deja de ser un espacio para convertirse en un vacío, que no es público, sino de nadie. Desaparece así el espacio de todos, el espacio compartido que nos vincula y la ciudad se convierte en una especie de jungla, de sálvese quien pueda.

LA FICHA
Nombre: Augusto Ortiz de Zevallos.
Profesión: Arquitecto y urbanista de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI). Tiene un máster en Londres y un posgrado en Bruselas.
Trayectoria: Desde 1976 ha realizado trabajos de arquitectura y urbanismo para Lima. Creó Pro Urbe, que dio lugar al Instituto Metropolitano de Planificación. Dirigió el plan de desarrollo urbano para Lima por encargo del alcalde Alberto Andrade.
Publicaciones: "Urbanismo para sobrevivir en Lima" (1992), entre otros libros y artículos sobre su especialidad.

CLAVES

Cuatro Problemas fundamentales :

Seguridad Ciudadana.
Según la Encuesta Nacional de Victimización, el 80% de las víctimas de un asalto no lo denuncia. Para el 52% de los limeños, la falta de seguridad es el principal problema.

Desarrollo Urbano.
Los programas de vivienda, privados o estatales, deben sintonizar con el plan de desarrollo metropolitano. Es urgente la reactivación del Centro Histórico.

Transporte Público.
A excepción de los intercambios viales y la vía expresa de Grau, los avances en este campo no son percibidos por la población.

Servicios y Calidad de Vida.
Otro desafío urbano es la elaboración de programas integrales de gestión ambiental para los residuos sólidos, coordinados entre la Municipalidad Metropolitana y sus pares distritales.

Fuente: El Comercio

Detalle de la Noticia: AQUI