Percy Cayetano Acuña Vigil

Página organizada por Percy Cayetano Acuña Vigil, está dedicada a temas de información y de discusión del urbanismo, el planeamiento y la arquitectura, enmarcados por mi visión de la filosofía política.

Sugerencias

Comentarios recientes

Se encuentra usted aquí

En relación a la enseñanza de la historia de la arquitectura

Conocemos que existe una estrecha relación  entre economía y cultura y que existe una conexión causal entre el arte y las circunstancias en las que se produce la creación y la recepción.

Por esto es de la mayor importancia tener presente, para contextualizar la enseñanza de la historia de la arquitectura, que en el escenario histórico del capitalismo se observa una mutación de las formas de expresión culturales y mediáticas, así como de sus bases tecnológicas, a modo de artificios adaptables a los propios cambios del propio capitalismo en el progresivo proceso de globalización. En este escenario, las formas estéticas que definen la postmodernidad se corresponden con la fase de mundialización del mercado y son, en sí, una expresión cosificada y puesta en moda por el mercado. 

Esta dimensión mercantil del arte y la expresión creativa llevan a la banalización, al pastiche, a la frugalidad y la superficialidad, ya que no parece ser el mercado sustrato lógico de la expresión crítica, del cuestionamiento del sistema. La profundidad de la cultura ha sido sustituida por la diversidad, la multiplicidad de lo superficial, donde el significado se oculta tras los simulacros, la 'iconoadicción', la asincronía, el vaciado de la razón y el ser de la historia. La postmodernidad aparece aquí como la lógica cultural del capitalismo, como la pantalla mediática y cultural que cubre el tránsito hacia una escena de globalización económica. Los medios de comunicación habilitan la nueva expresión del 'capitalismo mediático', al tiempo que la tecnología adquiere el carácter de icono de la postmodernidad y todo objeto se convierte en mercancía.

Este contexto es el que condiciona la enseñanza de la historia de la arquitectura. Descontextualizar la arquitectura es hacer turismo a través del tiempo, en el cual la superficialidad y la mercantilización de la arquitectura priman. No se trata de buscar la erudición per se sino de saber formular la crítica de la arquitectura, esta visión de la crítica arquitectónica es la guía para enfrentar el problema de la enseñanza de la historia de la arquitectura.

Cuando se elimina esta posibilidad en la enseñanza de la historia de la arquitectura, se condena a los alumnos a ser meros repetidores con una enseñanza colegial. Resulta evidente que esta visión está ausente en la práctica de la enseñanza actual en la historia de la arquitectura que se practica interesadamente en nuestro medio. Está ausente porque no se hace critica de la arquitectura, y porque la ideología implícita en la enseñanza es ahistórica. El libro de Alan Sokal, Imposturas intelectuales es un buen referente para ilustrar esta situación.

La tesis de que la conciencia del hombre depende de su existencia, y no al revés, rechaza de plano, ya en sus primeras consecuencias, todo idealismo, aun el más disimulado. Con ella, quedan negadas todas las ideas tradicionales y acostumbradas acerca de cuanto es histórico. Toda la manera tradicional de la argumentación se viene a tierra.

Frente a esta situación conviene recordar que lo que ponía al modo discursivo de Hegel por encima del de todos los demás filósofos era el formidable sentido histórico que lo animaba. Por muy abstracta e idealista que fuese su forma, el desarrollo de sus ideas marchaba siempre paralelamente con el desarrollo de la historia universal, que era, en realidad, sólo la piedra de toque de aquél. Y aunque con ello se invirtiese y pusiese cabeza abajo la verdadera relación, la Filosofía nutríase toda ella, no obstante, del contenido real; tanto más cuanto que Hegel se distinguía de sus discípulos en que no alardeaba, como éstos, de ignorancia, sino que era una de las cabezas más eruditas de todos los tiempos.

El fue el primero que intentó poner de relieve en la historia un proceso de desarrollo, una conexión interna; y por muy peregrinas que hoy nos parezcan muchas cosas de su filosofía de la historia, la grandeza de la concepción fundamental sigue siendo todavía algo admirable, lo mismo si comparamos con él a sus predecesores que si nos fijamos en los que después de él se han permitido hacer consideraciones generales acerca de la historia. En la "Fenomenología", en la "Estética", en la "Historia de la Filosofía", en todas partes vemos reflejada esta concepción grandiosa de la historia, y en todas partes encontramos la materia tratada históricamente, en una determinada conexión con la historia, aunque esta conexión aparezca invertida de un modo abstracto.

La historia se desarrolla con frecuencia a saltos y en zigzags, y habría que seguirla así en toda su trayectoria, con lo cual no sólo se recogerían muchos materiales de escasa importancia, sino que habría que romper muchas veces la ilación lógica. Además la historia no podría escribirse sin la historia de la sociedad burguesa, con lo cual la tarea se haría interminable, ya que faltan todos los trabajos preparatorios. Por tanto, el único método indicado era el lógico. Pero éste no es, en realidad, más que el método histórico, despojado únicamente de su forma histórica y de las contingencias perturbadoras. Allí donde comienza esta historia debe comenzar también el proceso discursivo, y el desarrollo ulterior de éste no será más que la imagen refleja, en forma abstracta y teóricamente consecuente, de la trayectoria histórica; una imagen refleja corregida, pero corregida con arreglo a las leyes que brinda la propia trayectoria histórica; y así, cada factor puede estudiarse en el punto de desarrollo de su plena madurez, en su forma clásica.

Esto demanda mayor formación en las cátedras, demanda mayor estudio, frente a la enseñanza y al estudio superficial y sin esfuerzo, mayor coherencia con los medios y los fines, y fundamentalmente abandono de los prejuicios de los que la enseñanza de la historia de la arquitectura emplea.

Esto implica que inmersos en la producción cultural, en la reflexión teórica, en la práctica artística no siempre reparamos en la estructura que subyace bajo estas producciones, reflexiones y/o prácticas. El cuestionamiento del medio nos retrotrae a una serie de preguntas esenciales, que continúan no tanto sin respuesta como sí siguen generando cuestiones sin cesar. De modo que su verdadera naturaleza no es contestar, sino seguir planteando esas u otras cuestiones; la única razón de ser de hacer historia de la arquitectura.
 
Algunas de estas cuestiones de carácter local son p.e.:
 
¿Hay arquitectura peruana?, ¿Se puede hablar de arquitectura peruana?
¿Quiénes la han hecho?,
¿Qué problemas ha resuelto?
¿Cada país tiene su arquitectura propia?
 
¿Hay arquitectura europea?,
¿Cuál es su interés?, ¿Porqué es formativo su estudio?
¿Hay arquitectura particular de un país?
 
La arquitectura es universal, ¿entonces qué es lo particular?, ¿interesa lo particular?
El contexto entonces es lo definitorio, y por eso la crítica arquitectónica necesariamente es contextual, y por lo tanto es particular a los modos y a las gentes.
 
 

Para que esto sea, conviene no olvidar las palabras de Dante:


Qui si convien lasciare ogni sospetto;
Ogni viltá convien che qui sia morta

Si alguien se interesa por otras opiniones coincidentes 

Ver escrito de Juan Carlos Amador 

 

Categoria: